Capítulo 20.
Tu nunca me perderás, yo siempre seré tuyo.
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(Liam)Había estado dándole muchas vueltas a la cabeza en las últimas veinticuatro horas, por Andrea, por lo que me había hecho creer, por lo que yo le había hecho creer, por querer apartarla de mi por su propio bien, porque al parecer ahora estaba peor, por Sidney, mi amiga de la infancia con la cual nunca tuve una relación seria más que la amistosa, pero al venir a visitarme nada mas dejar a Andrea debido a que me sentía mal, muchas personas se habían imaginado cosas inciertas que yo no había desmentido por la simple razón de que si ya no le importaba a Andrea quizás podría amargarle un poco eso, pero visto lo visto lo único que hago es joder las cosas cada vez mas.
Y es ahora, en este momento en el que me doy cuenta de que las cosas pueden cambiar, el momento en el que aun puedo decidir que hacer, tengo la oportunidad de recuperarla si me esfuerzo en ello, y, aunque no sepa como, se que lo intentaré, una y otra vez, hasta que no tenga fuerzas para seguir a delante.
(Marta)
-Que te quiero.-Eso fue lo que dijo, y comencé a llorar. Se me quedó mirando, no sabía que hacer.
-Eh...Marta, yo...lo siento, si te ha molest...-Ahora fui yo quien le interrumpí.
-Eres perfecto Styles.-Si, no sé por que le dije eso, ni por que le llamé así pero era lo que sentía, y lo que quería decirle, porque ahora mas que nunca, tenía claro que eramos perfectos el uno para el otro.
-Sonrió ante mi comentario.-Pero entonces por que lloras?-Me dijo extrañado.-Porque yo también te quiero, y tenía miedo de perderte.
-Tu nunca me perderás, yo siempre seré tuyo.-Le miré, él me miró, y los dos supimos que era el momento que tanto llevábamos esperando. Me acarició la cara, sonriéndome, como un príncipe, me mataba, quería ser suya y de nadie más, pasó su mano por detrás de mi nuca y acercó mi cara a la suya comenzando a besarnos lentamente, saboreaba cada milímetro de su boca, y él de la mía, pasé mis brazos por su espalda lentamente, subí mis manos hasta encontralas con su pelo rizado y dejarlas allí, jugando con sus rizos mientras él nos incorporaba del sofá y hacía que saltara encima de él enganchando mis piernas al rededor de su cintura, en ese momento me miró fijamente a los ojos y me dijo.
-Te quiero, y quiero que sepas que eso no cambiará nunca.
-Te quiero, y sé que eso no cambiará nunca.-Los dos compartimos una sonrisa, esa vez, pero se repetían cada vez que nos besábamos, hasta que llegamos a su habitación y él me dejó sobre la cama muy suavemente, como una pluma, y supe, mientras me miraba de esa forma, mientras se recostaba sobre mi, y nuestra ropa desaparecía rápidamente, que quería que él fuera el hombre con el que pasaría el resto de mi vida.
Continuará.
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